17 de julio de 2017

Al pararme junto al bosque una noche de nieve, de Robert Frost



AL PARARME JUNTO AL BOSQUE UNA NOCHE DE NIEVE

Creo saber de quién es este bosque.
Su casa está en la aldea, sin embargo;
no podrá ver cómo aquí me detengo
a contemplar su bosque cubierto por la nieve.

Mi pequeño caballo debe pensar que es raro
pararse en este sitio sin granjas a la vista
entre el helado lago y este bosque
en la noche más lóbrega del año.

Sacude las campanillas del arnés
para preguntar si me habré equivocado.
El único otro sonido es el barrido
calmo del viento y de los copos suaves.

El bosque es hermoso, oscuro y denso,
pero tengo promesas que cumplir,
y mucho que andar antes de dormir,
y mucho que andar antes de dormir.

(Robert Frost, Poesía completa, traducción de Andrés Catalán, Linteo 2017)




23 de enero de 2017

Ingeborg Bachmann en Roma


NOCTURNO DE ROMA

Cuando el columpio se lleva
las siete colinas, se desliza también,
con nuestra carga y nuestro abrazo,
hacia el agua sombría,


se zambulle en el lodo del río, hasta que
los peces saltan a nuestro regazo.
Nos llega el turno
y nos largamos.

Las colinas se hunden,
subimos y compartimos
los peces con la noche.

Nadie salta.
Lo cierto es que solo el amor
de uno hace crecer al otro.

(Ingeborg Bachmann)
(Versión de Andrés Catalán)
(El original, aquí)


10 de enero de 2017

Un poema de 'Praderas' (Pre-textos, 2017), de Louise Glück


NOSTOS

Había un manzano en el patio
–de esto debe hacer
unos cuarenta años– tras el cual,
sólo un prado. Montones
de azafrán entre la hierba mojada.
Me quedé en aquella ventana:
finales de abril. Flores
primaverales en el patio del vecino.
¿Cuántas veces, en realidad, floreció
el árbol en mi cumpleaños,
el día exacto, no
antes, ni después? Sustitución
de lo inmutable
por lo que cambia, lo que evoluciona.
Sustitución de la imagen
por la tierra implacable. Qué
es lo que sé de este lugar,
el papel de los árboles durante décadas
asumido por un bonsái, voces
que surgen de las pistas de tenis;
campos. Olor a hierba alta, recién cortada.
Lo que uno esperaría de un poeta lírico.
Miramos el mundo una sola vez, en la niñez.
Lo demás es memoria.

(Louise Glück, Praderas, traducción de Andrés Catalán, Pre-textos, 2017)


22 de noviembre de 2016

El lugar de encuentro, de Louis MacNeice


EL LUGAR DE ENCUENTRO


El tiempo no existía y estaba en otra parte,
había allí dos vasos y dos sillas
y dos personas con un solo latido
(alguien detuvo las escaleras mecánicas):
el tiempo no existía y estaba en otra parte.

Y no se encontraban ni arriba ni abajo;
la música del arroyo seguía fluyendo,
a través del brezal, de un marrón límpido,
aunque estaban sentados en una cafetería
y no se encontraban ni arriba ni abajo.

La campana guardaba silencio en el aire
manteniendo su invertida postura;
entre un tañido y otro una flor,
un broncíneo cáliz de no ruido;
la campana guardaba silencio en el aire.

Los camellos cruzaban las millas de arena
que se extendían entre tazas y platillos;
era el suyo el desierto, planeaban
repartirse las estrellas y las citas:
los camellos cruzaban las millas de arena.

El tiempo no existía y estaba en otra parte.
El camarero nunca vino, el reloj
los olvidó y de la radio un vals
brotó igual que el agua de una roca:
el tiempo no existía y estaba en otra parte.

Los dedos de ella sacudieron la ceniza
que florecía de nuevo en los árboles del trópico:
puesto que les daba igual la caída de la Bolsa
teniendo como tenían bosques como estos,
los dedos de ella sacudieron la ceniza.

Dios o lo que sea que significa el Bien
alabado sea por que se pare así el tiempo,
por que lo que haya entendido el corazón
pueda verificarlo en la paz del cuerpo
Dios o lo que sea que significa el Bien.

El tiempo no existía y ella estaba aquí
y la vida no era ya lo que había sido,
la campana guardaba silencio en el aire
y el cuarto entero era un resplandor porque
el tiempo no existía y ella estaba aquí.

(Louise MacNeice)
(Traducción de Andrés Catalán)

Original, acá